Nuevos horizontes


Llega un momento en tu vida, en el que, lo ves todo tan negro, que un día te levantas y ya no hay nada, nada negro, todo se vuelve de color de rosa, quizás rojo, pero no negro.

Dicen que cuando no tienes nada, no tienes nada que perder.

Ni mal que cien años dure, si, la gente dice muchas cosas, mal de muchos, consuelo de tontos.

Estaba pasando por una mala, no mala, quizás no tan buena, época, pero no mala.

Con los tiempo que corren, he de decir que me siento afortunada, si, tengo todos mis órganos intactos, dos brazos, dos piernas, dos ojos, salud, un hogar, pero, la misa va por dentro.

Cada día que me levantaba, intentaba encontrar alguna motivación, algo que me ayudara a decir "hoy puede ser un gran día, duro con el!", pero no era tal mi grado de convicción.

Los días fueron pasando, y, a medida que dejaba de llover, mi ánimo se tornaba más fuerte.

Iba acorde con el clima.

A veces, hasta sonreía.

Un día me harté de lloriquear por los rincones, y decidí intentarlo.

Intentar remontar aquello que había perdido.

Quería solventar mis errores.

Empecé a trabajar duro, buscando aquí, allá, haciendo esto y lo otro.

Atando cabos sueltos.

Mi motivación era máxima; nadie puede nunca saber, la ilusión que en ello depositaba, con cada pequeño paso que daba.

Como todo lo que sube baja y lo que baja sube, y así como una montaña rusa.

Esta mañana, yo estaba muy contenta, me había levantado con muy buen pie, llevaba días haciéndolo.

Reuní todos los elementos para construir el castillo.

Y, cuando me dirigí al lugar sobre el que iba a ser construido, no vi tierra firme por ningún lado, en su lugar había un lago.


¿Quién puede construir un castillo sobre agua?










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