Época de cambios
Los cambios,
los cambios son inevitables.
Si no hubiera cambios, no avanzaríamos.
Otra cosa, muy distinta, es que nos empeñemos en evitarlos.
A veces pasa, ¿no? Nos aferramos tanto a algo, que separarse de ello es como si supusiese el fin del mundo.
Todo ello desencadena una serie de sucesos, y, al final, llegamos al mismo punto de partida.
Las decisiones, son aquello que debemos tomar, supuestamente por nuestro bien.
Cuando tomas una decisión, sientes que estás haciendo lo correcto para tu futuro; puede que te equivoques, seguramente te vas a equivocar, pero, tienes que quitarte esa espinita.
Dicen, que más vale arrepentirse de lo que hemos hecho, que de lo que nunca hicimos. Seguramente la persona que dijo eso, se arrepintió.
Cuando tomas una decisión, una decisión que lo cambia todo, y luego, te das cuenta de que quizás no ha sido la mejor opción.
Sí, he aprendido, sí, he madurado, pero ¿valía la pena?
Cómo vas a saberlo! si no lo hubieras hecho, probablemente sí hubiera valido la pena, pero ahora, ahora ya es tarde!
El ser humano, como tal, se empeña en querer recuperar lo que un día perdió.
¿No dicen, que la esperanza es lo único que se pierde?
Lo intentas encarecidamente, una, y otra, tres veces, veinte.. hasta que te cansas y dejas de intentarlo.
Alguien me dijo alguna vez, que creyera más en la teoría taoista y, que me dejara llevar por la corriente, que me conformara con lo que pudiera encontrarme por el camino, un pulpito, un pescadito..
Lo intenté, prometo que lo intenté.
Más tarde, y, pensándolo tranquilamente, llegué a la conclusión de que, lo único que la corriente arrastra, son las malas hierbas.
Yo, quería recuperar lo que un día abandoné, algunas veces parecía que lo iba a conseguir, otras mi frustración llegaba al límite, y, me juraba que jamás lo volvería a intentar, que volvería a empezar de cero.
Sin darme cuenta, había abierto la caja de pandora.
Hoy, ya es hora de cerrarla, y tirar la llave al mar.
Hoy, se cierra una puerta, y, puede que se abra alguna ventana.
los cambios son inevitables.
Si no hubiera cambios, no avanzaríamos.
Otra cosa, muy distinta, es que nos empeñemos en evitarlos.
A veces pasa, ¿no? Nos aferramos tanto a algo, que separarse de ello es como si supusiese el fin del mundo.
Todo ello desencadena una serie de sucesos, y, al final, llegamos al mismo punto de partida.
Las decisiones, son aquello que debemos tomar, supuestamente por nuestro bien.
Cuando tomas una decisión, sientes que estás haciendo lo correcto para tu futuro; puede que te equivoques, seguramente te vas a equivocar, pero, tienes que quitarte esa espinita.
Dicen, que más vale arrepentirse de lo que hemos hecho, que de lo que nunca hicimos. Seguramente la persona que dijo eso, se arrepintió.
Cuando tomas una decisión, una decisión que lo cambia todo, y luego, te das cuenta de que quizás no ha sido la mejor opción.
Sí, he aprendido, sí, he madurado, pero ¿valía la pena?
Cómo vas a saberlo! si no lo hubieras hecho, probablemente sí hubiera valido la pena, pero ahora, ahora ya es tarde!
El ser humano, como tal, se empeña en querer recuperar lo que un día perdió.
¿No dicen, que la esperanza es lo único que se pierde?
Lo intentas encarecidamente, una, y otra, tres veces, veinte.. hasta que te cansas y dejas de intentarlo.
Alguien me dijo alguna vez, que creyera más en la teoría taoista y, que me dejara llevar por la corriente, que me conformara con lo que pudiera encontrarme por el camino, un pulpito, un pescadito..
Lo intenté, prometo que lo intenté.
Más tarde, y, pensándolo tranquilamente, llegué a la conclusión de que, lo único que la corriente arrastra, son las malas hierbas.
Yo, quería recuperar lo que un día abandoné, algunas veces parecía que lo iba a conseguir, otras mi frustración llegaba al límite, y, me juraba que jamás lo volvería a intentar, que volvería a empezar de cero.
Sin darme cuenta, había abierto la caja de pandora.
Hoy, ya es hora de cerrarla, y tirar la llave al mar.
Hoy, se cierra una puerta, y, puede que se abra alguna ventana.
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