Dejar de meter el dedo en la herida
De pronto un día me levanto y todo parece estar en orden.
Silencio, únicamente el sonido de mi tripas que me indican que no he desayunado.
Es hora de levantarse.
Algún día habría que dejar de hurgar en la herida.
Porque, a decir verdad, las cosas no están tan mal.
Pero, ¿ por qué me gusta tanto lidiar con el problema, en lugar de hacer de tripas corazón?
Indagar, observar.
Toda la rabia contenida, y no contenida, que ello provoca en mi.
Un sentimiento catastrófico, que a la vez parece gustarme.
Mientras mi subconsciente no cesa de repetir, "déjalo, esto no te hace ningún bien", mis actos se precipitan sin detenerse a pensar.
Algún día pasará. Pronto.
Todavía recuerdo el día en que lo supe. Lo sé, mi cabeza alberga demasiados recuerdos.
En ese momento, un extraño sentimiento que jamás había sentido, inundó todo mi ser.
No sabía si era felicidad, rabia, felicidad y rabia, o qué era..
Por un lado tuve ganas de llorar, por el otro sentía que me daba igual.
El tiempo es el encargado de poner situaciones, personas y sentimientos en su lugar.
Más tarde descubrí, que lo aquel día me dijiste, no era felicidad, tampoco rabia, sino dolor.
Agradezco tu sinceridad, más cuando no te pedí que me lo contaras, ahora sé, que hubiera preferido no haberlo sabido nunca.
Sé cuanto daño hice, daño del que no era consciente.
Y pagué mis deudas con dolor.
Pero aún quedan las secuelas.
Solo espero, que este oscuro episodio termine algún día.
No me gusta odiar a nadie, tampoco me gusta que me tengan odio ni rencor, aunque eso es algo que a veces, una no puede evitar; somos demasiada gente, conviviendo en este mundo tan absurdo.
Sé que puedo pecar de soberbia frente a los ojos de los demás, prepotente, quizás.
Me vuelvo loca cuando alguien intenta quitarme lo que yo considero que es mío.
Craso error.
Ahora ya no tiene que perdurar ese sentimiento mezquino en mí.
Hoy lo libero.
Empecemos de cero, sin odio, sin rencor.
Silencio, únicamente el sonido de mi tripas que me indican que no he desayunado.
Es hora de levantarse.
Algún día habría que dejar de hurgar en la herida.
Porque, a decir verdad, las cosas no están tan mal.
Pero, ¿ por qué me gusta tanto lidiar con el problema, en lugar de hacer de tripas corazón?
Indagar, observar.
Toda la rabia contenida, y no contenida, que ello provoca en mi.
Un sentimiento catastrófico, que a la vez parece gustarme.
Mientras mi subconsciente no cesa de repetir, "déjalo, esto no te hace ningún bien", mis actos se precipitan sin detenerse a pensar.
Algún día pasará. Pronto.
Todavía recuerdo el día en que lo supe. Lo sé, mi cabeza alberga demasiados recuerdos.
En ese momento, un extraño sentimiento que jamás había sentido, inundó todo mi ser.
No sabía si era felicidad, rabia, felicidad y rabia, o qué era..
Por un lado tuve ganas de llorar, por el otro sentía que me daba igual.
El tiempo es el encargado de poner situaciones, personas y sentimientos en su lugar.
Más tarde descubrí, que lo aquel día me dijiste, no era felicidad, tampoco rabia, sino dolor.
Agradezco tu sinceridad, más cuando no te pedí que me lo contaras, ahora sé, que hubiera preferido no haberlo sabido nunca.
Sé cuanto daño hice, daño del que no era consciente.
Y pagué mis deudas con dolor.
Pero aún quedan las secuelas.
Solo espero, que este oscuro episodio termine algún día.
No me gusta odiar a nadie, tampoco me gusta que me tengan odio ni rencor, aunque eso es algo que a veces, una no puede evitar; somos demasiada gente, conviviendo en este mundo tan absurdo.
Sé que puedo pecar de soberbia frente a los ojos de los demás, prepotente, quizás.
Me vuelvo loca cuando alguien intenta quitarme lo que yo considero que es mío.
Craso error.
Ahora ya no tiene que perdurar ese sentimiento mezquino en mí.
Hoy lo libero.
Empecemos de cero, sin odio, sin rencor.
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