Yo solía






Suena el despertador, son las 6:45 y me tengo que ir a clase. No sé si desayunar o no, bah, ya desayunaré luego. Salgo corriendo porque llego tarde, me he entretenido demasiado arreglándome el pelo, es por si veo a David, ay... David. Si por lo menos supiera que existo había valido la pena perder ese tiempo.
Lola me pregunta si me apetece ir a comer con ella por la ciudad pero
 estoy cansada, ya comeremos juntas la semana que viene.
Después de casi 7 horas de clase regreso a casa, tengo tanta hambre que me comería hasta un chuletón entero. Me como lo primero que veo, no tengo ganas de cocinar, abro la despensa y tampoco es que tenga muchas cosas, tengo que ir a comprar, pero bueno ya lo haré mañana, si total tengo tiempo.
Hora de la siesta, mi siesta es sagrada, voy a encender un incienso que me relaja, vaya solo me quedan tres, esta tarde voy a comprar, o mejor mañana que hoy me da pereza.
Ya he terminado los exámenes pero todavía tengo que ir a clase y hacer el proyecto, Laura me llama para tomar una cerveza pero hoy estoy cansada y no me apetece, ya nos veremos la semana que viene si total tenemos tiempo de sobra. Mi teléfono no deja de recibir noticias, qué pesados con el virus de las narices, hay que ver cómo se pone la gente por una gripe cualquiera.
Debería empezar el proyecto pero mejor me voy al gimnasio, bueno ya iré mañana, si voy a tener más tiempo que nunca .
Hoy no me apetece hacer nada así que me tumbo en el sofá y zapeo un poco por Netflix.
Al final no veo nada serio, estoy cansada y solo quiero dormir.
Mañana será otro día, es sábado y tengo tiempo de hacer todo lo que no he hecho hoy, ni la semana pasada.
Me levanto sin despertador y echo un ojo al teléfono.
Cómo ignorar el titular,
"España decreta estado de alarma" , nadie puede salir de sus casas hasta dentro de 15 días, eso es lo que dicen aunque seguro que al final van a ser más.
No puede ser verdad.
Me hago el desayuno y me preparo para ir al gimnasio, hoy toca clase de spinning y de Zumba, pero no puedo porque lo han cerrado hasta nueva orden.
Voy a encender un incienso pero no me quedan y al final nunca los compré.
Me apetece tomarme una cerveza con Laura pero no podemos salir de casa así que tendremos que conformarnos con hacer una videollamada.
Ya llevamos más de una semana encerrados en casa y la gente no deja de infectarse, cada vez que me asomo al balcón veo a alguien paseando al perro o paseando su soledad.
Hay quien incluso se atreve a desafiar a la ley y salen a la calle con disfraces de animalitos, un día hasta vi un dinosaurio.
Todos los días a las 8 me asomo al balcón y aplaudo, en ese momento puedo sentir un poquito de humanidad y a veces casi se me saltan las lágrimas.
Cada vez que leo las noticias un joven más, sin patologías previas, ha muerto del dichoso virus. Tengo tantos amigos en Facebook que casi podría repoblar belchite, en realizar... puedo.
Mi teléfono está saturado, estaría bueno que se me rompiera justo ahora.
Casi me he hecho experta en medicina y me sé todos los chistes del covid19.
Me han convalidado todos los audios por primero de enfermería, tengo un máster en zumba y otro en Bellas artes,  llagas en las manos de tanto lavarmelas y salgo a tirar la basura con bolsas de plástico en los pies.
Cada noche me sirvo una copa de vino y me duermo pensando que al día siguiente voy a poder ver a todos mis amigos y a toda mi familia, ir a mí gimnasio o al supermercado sin miedo a que nadie me contagie o a que yo contagie a nadie.
Por la mañana despierto preguntándome si no habrá sido todo un sueño.

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