Chiuaua



No estoy escribiendo estas frases desde un yate, degustando un maravilloso arroz con bogavante, ni bebiendo el mejor champan francés.
Todo empezó en abril, cuando decidí acabar con todo, mi vida había caído en un círculo vicioso de donde ya no tenía escapatoria.

Una reacción a tiempo me salvó, un guiño del destino recibido en el momento oportuno.

Salí de mi casa justo cuando empezaba a arder, las llamas rodeaban todo el edificio, el fuego se fue expandiendo hacia la comarca al mismo tiempo que mis pies entraban en contacto con la tierra, eché a correr y nunca me detuve.

Cuando quise darme cuenta había traspasado la frontera. No reconocía nada de mi alrededor.

-Disculpe, ¿puede decirme dónde estoy?

-Qué pasa, ¿no le enseñaron geografía en la escuela? ¡Chihuahua!!

-Oiga, ¡que yo no le he ofendido a usted!

Aquel viejo cascarrabias con acento mejicano se fue gruñendo no sé qué palabras por lo bajini.

Chihuahua, encima me llama chihuahua. Vale que soy bajita y tengo malas pulgas, pero de ahí a llamarme chihuahua.

Seguí caminando en busca de algún indicio que me revelase donde carajos había acabado.
Estaba a las afueras de algún lugar, era como una explanada, un desierto o algo parecido, seguí caminando, no me quedaba más remedio, hasta que vi indicios de civilización.

Me adentré en la ciudad, seguía sin reconocer nada, de seguro nunca había estado allí antes.

Llevaba cerca de tres horas caminando cuando recibí un empujón, al parecer la gente de este lugar tenía prisa para ir a todas partes.
Ni un maldito cartel anunciando el nombre de mi paradero.

Me detuve ante una mujer con pinta de buena persona.

-Disculpe, ¿podría usted decirme el nombre de esta ciudad?

-          Chihuahua.

-          ¡y dale! sabe qué? ¡que ojalá se compre un bollicao y le toque sin cromo!

Sin siquiera inmutarse, la mujer siguió su camino y yo probé suerte de nuevo.

-          Disculpe caballero, ¿podría usted por favor decirme qué ciudad es ésta?

-          Claro, Chihuahua.

-          Oye, ¡no tiene usted que venirme a mi faltando el respeto! ¡que yo no le he ofendido y empiezo a estar harta de la gente de este lugar!

-          Libertad de movimiento.

-          ¿Perdone qué??

-          ¡Que se mueva! Me interfiere el paso.

-          ¡Pero dígame dónde estoy! – noté cómo una lágrima resbalaba por mi mejilla.

-          Señora, está usted en Chihuahua, México.

-          Perdone, ¿señora, quién??  ¡y encima me quiere mentir!¡es usted un grosero! Yo vengo de mi casa y nadie tiene por qué llamarme perro pulgoso ni intentar persuadirme de que estoy en… y lo vi, ahí, bien grande.



“Welcome to Mexico, Chihuahua”

¡Ay mamasita deme un tequilita!

-Y ¿sabe usted inglés?

-Por supuesto que sé inglés, ¿ahora me quiere tachar de analfabeta??

-Tranquilícese, no sé qué le ha podido suceder pero le garantizo que está usted en Chihuahua, México.

-Ah... entiendo... ¿México??

-Ahá.

-...y ¿cómo narices he llegado yo hasta aquí??

-Eso yo ya no lo sé, y si me disculpa, tengo prisa.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Filosofeando; Dejarse llevar

Sofía

La despedida