El lobo feroz

Ese día me había despertado con mal pie, mi mujer se había largado con otro hacía apenas  unos meses, y yo seguía arrastrando el lastre de la desgracia.
Sobre la mesa del recibidor había encontrado esta nota; "Lo siento, pero ya no te quiero. No me aportas todo lo que necesito. Me voy a las Maldivas con John. No intentes buscarme."

¿John? ¿Maldivas? ¿Quién era ese tal John? Y que nombre tan ordinário para semejante ejemplar.
Me juego mis pezuñas lobeznas a que ese mamarracho no me llega ni a la suela de los zapatos.
Pasé por todas las fases de duelo;
Negación -Seguro que es una broma, a ver, ¿qué día es hoy? los santos inocentes, seguro!
Ira - Se va a cagar ese tipejo como lo encuentre, le corto una oreja!
Negociación - Siría se ha ido, pero ahora seré el rey de la casa, del sofá, del televisor, aah se acabó ver esos culebrones mexicanos.. aunque seguro que vuelve, si además se ha dejado las llaves.
Dolor emocional -Jamás voy a superar esto, ahora mismo me meto en la cama con un paquetito de myolastan, y no salgo en la vida.
Aceptación - Esta bien, justo ahora, que acabábamos de pagar la hipoteca, me va a venir de perlas, voy a ser el soltero de oro, amos amos que nos vamos,  se me van a rifar todas las lobitas del barrio.
Entre fase y fase, transcurrieron seis semanas, Síria seguía sin dar señales de vida, yo ya lo estaba asumiendo, iba a una media de cuatro cajas de clínex por día.
Cada mañana rociaba su perfume por toda la casa, y cada noche, me acostaba abrazado a su fotografía. Cada vez que lo hacía, me juraba que esa iba a ser la última vez.

En el vecindário corrió la voz, y en menos de cinco días, yo ya contaba con diez solicitudes de amistad en el face book.
Aunque no me extrañaba nada, con lo apuesto y elegante que yo era, lo mejorcito de la comarca.
Wow! huelo a carne fresca, madre mía como está esa lobita. .y esta otra.. y.. me voy a poner las botas!
Por supuestísimo, que de inmediato las acepté a todas.
Esa tarde decidí que ya estaba lo suficientemente recuperado como para ir a trabajar.
Trabajaba en una compañía de seguros en el centro de la Villa, "Wolfsave-life", la cual regentaba junto con mi mejor amigo, Amadeus.
No había mucha faena por hacer, ultimamente las cifras de asegurados habían bajado en picado, y el negocio estaba sufriendo un episódio de pérdidas constantes.
Me puse a inspeccionar los muros de mis nuevas amistades.
De diez,  siete me parecieron interesantes, de siete tres estaban casadas, de cuatro, dos divorciadas y con família numerosa -demasiados jaleos, yo lo que quería era pasar un rato agradable, no complicarme más la vida.
Ya solo quedaban dos en la recta final.
Clara Ramírez
Soltera, treinta y tres años, interesada en solteros que no pasen de los cincuenta.
Relaciones serias.
Farmacéutica. Vive sola.
Ojeé sus fotos de perfil, tenía los ojos de un azul intenso y la cabellera blanco polar.
Nunca me han ido demasiado las rubias, Síria poseía una cabellera de un rojizo abrumador que me tenía loquito.
Además era demasiado alta.
Rosa Fernández
Soltera, 28 años, secretária. No importa edad, abierta a cualquier tipo de relación.
Vive sola.
Ojos negros como el tizón y cabellera castaña rojiza.
Fue un amor a primera vista.
Inicié una conversación con ella a través del chat, me pareció simpática, dócil y elegante.
Y además no era nada tímida, había sido nuestra primera toma de contacto y enseguida quiso concertar una cita.
Me sorprendió su rapidez, no obstante, acepté de buena gana su invitación.
Rosa vivía al otro lado del lago.
Intercambiamos los teléfonos, nos despedimos y quedamos en vernos el viernes por la tarde al otro lado del lago, pasando el puente.
Como era la hora del almuerzo, cerré el chat, cogí mi ensalada de la huerta -hay que cuidar la línea siempre- y me senté en la salita de descanso, donde me esperaba Amadeus, absorto en el periodico, como cada día.
-¿Que dicen hoy? ¿Seguirán subiéndonos los impuestos? espera, no me lo digas, no quiero saberlo, estoy demasiado contento como para joderme el día.
-No he revisado esa sección todavía, pero lee esto, absolutamente desconcertante;
"Cazadores de lobos"
Queridos habitantes de Wolf Town, circula el rumor de que un nuevo comando se ha infiltrado en nuestras tierras. El acuerdo con los humanos parece haberse roto, no sabemos de cuantos se trata, dos, cuatro o incluso diez. Están poniendo precio a nuestras cabezas. Os recomendamos no alejaros de la Villa ni cruzar al otro lado del lago, al menos hasta que haya un nuevo comunicado y podamos aclarar esta situación.
El alcalde.
-Ya estamos otra vez con leyendas urbanas, será la cuarta vez ya que se inventan un nuevo comando terrorista, pamplinas, que manía con atemorizar al pueblo, ese alcalde no tiene ni idea.
-No estoy muy seguro Felipe, esta vez parece que sea serio, han dado alerta roja y toque de queda para los menores. Desde luego, yo no voy a dejar salir a mis hijos hasta nueva órden.
Tan pronto como dieron las tres, recogí mis bartulos y me fuí derechito a casa.
Estaba molido, pero contento, tenía muchas ganas de ver a Rosa por primera vez en persona.
Aquella noche, y las que le siguieron, apenas pude dormir.
De vez en cuando hablábamos por el watshap, pero nunca llegué a escuchar su voz.
Ocupaba mis pensamientos la mayor parte del día.
Esa Rosita había calado hondo en mi.
Por fin viernes.
L a mañana se hizo eterna en el trabajo, esperé y esperé con ansia a que dieran las tres.
Corrí tanto por la carretera, que casi atropello a un erizo.
Crucé la puerta de casa despojándome de mis ropas y me metí directo en la ducha.
Elegí para la ocación, mis mejores galas, la camisa de Diesel que Síria me había regalado para mi último cumpleños, mis vaqueros de la suerte, - unos levis que había estrenado en 1990 y que seguían tan nuevos como el primer día que me los puse, casualmente en la primera cita que tuve con Síria - y unas gotas de mi maravilloso perfume Wolfwilde essence.
Estaba listo.
Amadeus, al corriente de todo, me había advertido que no lo hiciese, que retrasara la cita, que si era muy imprudente por mi parte salir un viernes a las cinco y media de la tarde y rebasar la frontera, que si me estaba jugando la cabellera, que si bla bla.. este Amadeus, siempre preocupándose de todo.
Hice caso omiso, por supuesto, y allí que me fuí!
Me subí a mi 4x4 y le di gas, conduje durante cuarenta y cinco minutos.
 Justo antes de llegar al lago, me detuve  en un parking de tierra donde por suerte, no había llegado aún la zona azul.
El puente era enorme.
Se tardaba una hora aproximadamente en cruzarlo.
No era un puente cualquiera, cubierto de vegetación, formaba parte del bosque.
Los domingos, aquella era una zona muy transitada, solían hacerse excursiones a plena luz del día, pero cruzarlo cuando la noche asomaba, era cosa de locos, incontables crímenes se habían registrado allí.
A pesar de todo, siempre me había caracterizado por mi valentía.
Eran las seis y veinte, y empezaba a anochecer.
Había quedado con Rosita a las ocho en punto.
Le envié un wathsap para indicarle que ya iba hacia allí.
Conecté mi mp3 a toda leche y empecé mi camino.
En mitad del camino, me encontré con una niñita que lloraba desconsoladamente,  cubierta por una capa roja, apenas pude verle el rostro.
Le pregunté cual era el motivo de tal desconsolado llanto; se había perdido, iba a casa de su abuelita y con tanto arbol había perdido el norte, literalmente.
Le señalé el camino, y cuando me di la vuelta, algo impactó contra mí.
Cuando recuperé la consciencia ,me vi atado a una cama, amordazado, y vistiendo un camisón anticuado, que bien podría haber sido de mi tatarabuela.
Dos humanos me apuntaban con un rifle.
Una señora de mediana edad, arrugada y con una cara que daba miedo mirar, me señalaba con el dedo.
A su lado, un joven leñador, con el pelo revuelto y cara de bobalicón.
 Por el trato, asumí que éste, no era más que un peón de la malvada señora de pelo blanco.
Yo no podía dejar de pensar en Rosa, ¿que pensaría de mi al no haber acudido a la cita? De repente, un sentimiento atroz cruzó por mi cabeza, oh dios mio! Tienen a mi Rosita! Seguramente se cruzaron con ella antes de dar conmigo, y la tienen maniatada a la habitación contigua.
Me quitaron la mordaza y empecé a aullar.
-Rosa!!! Rositaa!!
-Cállate estúpido! 
-¿Qué habéis hecho con ella?
De pronto, una niña que no hacía metro y medio, apareció en la habitación.
Su rostro angelical, daba la impresión de no haber roto un plato en su vida, con su carita repleta de pecas y sus ojos saltones, nadie la tacharía de tirana.
Llevaba dos trenzas, cubieras por una capa roja.
La niña del puente!
Rosa, soltó una carcajada diabólica que casi me meo encima del susto que me dió.
-Te presento a Rosa, mi nieta ¿no es adorable? Casi muere en las garras de un feroz lobo que por allí merodeaba, ambriento y deseoso de probar carne fresaca..
-Pero si soy vegano!
- .. ha sido una suerte que mi hijo José haya escuchado sus gritos de auxílio mientras salía a buscar más leña para encender el fuego.
-Oiga, pero eso no es verdad! Yo no la he atacado!
-Cuéntaselo a la policía, es una pena que para entonces tu ya no formes parte de este mundo, y contigo, la verdadera historia de Caperucita Roja, jajajajaja.
No me lo podía creer, como me habían tomado el pelo!
Había pecado de ingenuidad y estupidez.
Ahora lo veo todo desde ahí arriba, y cada vez que alguien le cuenta a sus hijos la historia de caperucita roja, un lobo se revuelve en su tumba y empiza a aullar.

Fdo: El lobo feroz.


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